César Augusto Santiago presenta iniciativa que busca reorientar la vida de los partidos

Existe a la fecha un amplio consenso en la opinión pública sobre la crisis de representación política por la que atraviesa el país, derivada de un divorcio existente entre las aspiraciones y justas demandas de la sociedad mexicana por una parte, y el funcionamiento de nuestras instituciones políticas por la otra, lo que se reflejó en altos índices de abstencionismo como los que se observaron en la pasada jornada electoral.

Al permitirse que cada partido fije métodos de selección de candidatos en los términos de sus estatutos, se tiene el riesgo los partidos políticos fracturen su vida interna. Habida cuenta de que habrá intereses contrapuestos sujetos no a la norma sino a la correlación de las fuerzas de poder al interior de los partidos. Son muchos los ejemplos que podríamos aludir, que en lo general muestran la necesidad de hacer obligatorios los principios y procedimientos básicos en la vida interna de los partidos para promover su democratización en tanto que son órganos de interés público que tienen el monopolio del registro de candidatos a cargos de elección popular. A este respecto, otra reforma pendiente es la de las candidaturas independientes.

En la exposición de motivos de la iniciativa presentada por César Augusto Santiago, Presidente de Fundación Alternativa, se establece que “han surgido diversas propuestas que incorporan la idea de modificar el marco legal para establecer las candidaturas independientes considerándolas como un signo positivo para la democracia, ya que a juicio de distintos actores de la sociedad, sobre todo una parte del sector académico, éstas amplían la participación política de los ciudadanos que no forman parte de los partidos políticos y dan representación a ciertas minorías que no tienen voz. Si bien es importante que los partidos políticos elijan candidatos adecuados, también lo es que éstos representen la ideología y el programa de acción de tales organizaciones políticas, que ambas cuestiones se vean reflejadas en los programas de gobierno y en el ejercicio del poder público y que sean democráticos internamente”.

La grave crisis de representación por la que atraviesa el país exige ser afrontada mediante una serie de reformas como las que están a debate en el Congreso sobre el referéndum, la revocación de mandato y la reelección de los legisladores. A éstas debe agregarse una legislación especial a expedirse, tanto en el ámbito federal como en el de los estados, que tenga por materia regular de manera específica la integración y actuación de los partidos políticos; sólo así se contendrán los desgarramientos internos y la consecuente confusión entre las militancias partidistas. Desde luego, como lo ha comentado Mario Alberto Mejía, las pasiones y los intereses en torno a la lucha por el poder son imprevisibles y frecuentemente producen escenarios cismáticos. Pero estas tendencias no se moderarán si no existen las instituciones jurídicas adecuadas para garantizar la vigencia de los principios democráticos.

 

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